miércoles, 28 de diciembre de 2016

Susurros de Adviento II, tercera parte

Ya está la tercera parte de Susurros de Adviento, el cual finaliza en la cuarta entrega. Espero que os guste la lectura:


3
Noche de luces

Había llegado el día y tal como prometió, Clay, junto a Soo, abandonaron la vivienda a primera hora. Nathair y Xin se habían marchado para ir en busca de Nicholas, Jake, Krista y Dilan, mientras que los demás permanecían en la casa.
Aileen y Niara estaban en el salón, frente a una pequeña mesa. En ella había una bandeja con algunos dulces y bombones, que las chicas probaron con disimulo para después reír.
En cambio Kun y Kirsten estaban en la planta superior, comprobando que las habitaciones estuvieran listas para recibir a sus invitados. Alarmados corrieron a la planta inferior al ver varios destellos azules. Cuál fue su sorpresa al detectar entre las luces que un dragón y una serpiente azules se dibujaban en el suelo: Nathair y Xin habían utilizado el medio del viaje para ir a Alaska y traer consigo a sus invitados, corroboraron al ver a Nicholas, Krista, Dilan y Jake con ellos cuando los haces desaparecieron.
—¡Xin! —protestó Kun—. ¿Cómo se te ocurre hacer algo así? Se supone que iríais a recogerlo al aeropuerto, que utilizaríamos medios normales para viajar, no mágicos.
—Pues yo te agradezco que me hayas librado de horas en un avión enlatado con más de cien personas —interrumpió Jake.
—Y nosotras —intervino Krista—. Viajar en Navidad es una completa pesadilla.
—¿Y tú no tienes nada que decir? —preguntó Kun mirando a Nathair.
—Sabes que siempre me dejo arrastrar por Xin y además, quién se iba a dar cuenta. Vale que debemos tener cuidado, pero un viajecito no es grave.
—Ha sido muy difícil mentir todo este tiempo —confesó Nick dando una palmada en el hombro a Kun—. Pero tranquilo, si Clay se pone furioso me sacrificaré por la causa para que todo el enfado no caiga sobre ti.
—El pobre Nathair ha sido quien lo ha llevado peor —confesó Dilan—. No le gusta nada guardar secretos y te ha estado evitando durante las últimas semanas porque temía que si lo mirabas a los ojos, pudieras descubrir que te ocultaba algo.
—Pero no te angusties por él —intervino Xin. Llevaba una bandeja con algunos chupitos en ella que comenzó a servir a sus invitados—. Yo me encargué de distraerlo.
—Y nosotras —confesó Aileen mientras se señalaba a ella y a Niara—. Tuvimos que lidiar con su remordimiento por tener un secreto.
—En la próxima ocasión no podemos meter al tirillas en esto —dijo Jake, rodeando a Nathair por los hombros—. Es demasiado santurrón para ocultarle algo a su hermano mayor.
—Y me hubiera gustado excluirlo —admitió Xin—. Pero para traeros a todos necesitaba ayuda y contigo no podía contar —confesó mirando a Kun—. Aunque estés cambiando y relajándote, tu incorregible forma de ser y de hacerlo todo a lo corrección aún te puede.
—Lo importante es que volvemos a estar todos juntos —interrumpió Kirsten—. El cómo no importa. Coincido con ellos, no creo que un viaje tenga consecuencias y si fuera así, ya lo solucionares.
—¡Más vale pedir perdón que permiso! —dijo Xin dando por terminada la conversación.
En ese instante un destello los cegó a todos al crearse un vórtice dorado. Una vez desapareció vieron a Hunter y Travis, con quienes ya coincidieron en las anteriores Navidades e iban acompañados de Aidíth y Jay, aunque en su mente y gracias al poder de La Creadora, no tardaron en conocer todos los detalles de ellos, la guerra en Isleen y el papel que habían jugado.
Tras darse la bienvenida y dejar que los invitados descansasen en sus habitaciones, no volvieron a reunirse hasta horas después, cuando había llegado la hora de comenzar a preparar la cena.
Otro año más a Travis le extrañaba las costumbres de aquel lugar. De nuevo la gran mayoría de los hombres volvían a ocupar la cocina, encargándose de la comida, mientras que las chicas estaban en el salón, encargándose de la mesa y otros quehaceres.
—Sigue siendo un misterio para mí —añadió mientras bebía de la copa de vino que se había servido—. Todos nosotros aquí, ni una sola mujer en la cocina…
—Ya te dijimos que los roles se han intercambiado —le recordó Kun—. Ya no hay actividades dedicadas a hombres o mujeres, todos pueden hacer de todo.
—No sé de qué te quejas —murmuró Hunter, que estaba pelando patatas—. Ni que no hubieras pasado tiempo en los fogones desde la apertura de la academia.
—¿Qué queréis que haga? —preguntó Jay al entrar en la cocina.
—Llévate esto —dijo Nicholas, dejando sobre sus brazos una bandeja.
—Quien diría que podríais estar en una habitación sin querer mataros —añadió Xin, que al igual que Travis llevaba una copa en la mano y se dirigía a Hunter y Travis—. En las anteriores Navidades, si las miradas matasen, os hubierais torturado mutuamente.
—Ya, culpa mía —confesó Travis—. ¡Me tiré a su prometida! Y también me líe con otra chica con la que yacía, creo que en realidad ella se llegó a acostar con los dos al mismo tiempo. Y ahora su mujer…
—Aidíth te la cortaría antes de permitirte a acercarte a ella —gruñó Hunter, enfadado—. Ni se te ocurra hablar de ella.
—Tranquilo, cazador, iba a hablar bien del cervatillo. Te es completamente fiel y sí, me torturaría antes de permitir ser tocada por mí o cualquier otro, no le es muy grato el contacto físico.
—¡Las mujeres siempre dan problemas! —concluyó Xin—. La novia de mi hermano también nos dio algún que otro quebradero de cabeza.
—Todo fue cosa tuya —replicó Kun—. Te empeñaste en buscar una traición cuando no era así y dudo que alguna vez te hubieras enamorado de Kirsten. Sois como el día y la noche.
—Creo que tienes razón y no estuve enamorado de ella. Sigo pensando que era por el fuego. No me dirás que no fue raro que tanto Nathair como yo nos quedásemos colgado de ella. Debía ser por su magia y nos entraba tal calentón que nos cegaba, ¿a vosotros nos ha pasado algo similar? —preguntó mirando a Nick y Jake—. Nunca hemos llegado a  corroborar esta teoría y si realmente la magia que Kirsten emana inconscientemente nos pone.
—Hmm…—susurró Nicholas en el momento en el que Krista y Dilan entraban en la cocina—. Veo que no has cambiado nada y que sigues tan inoportuno como siempre.
—Cómo vamos a responder a eso con nuestras novias delante —protestó Jake—. Y con tu hermano, ¿a quién le gustará saber si otro hombre se excita con su novia? Desde luego a mí no.
—¡Vale ya con el tema! —gruñó Kirsten enfadada—. Esa teoría es absurda. Ni tú ni Nathair os quedasteis colgados de mí, solo erais unos adolescentes hormonados que pensabais todo el tiempo con la entrepierna. Basta ya, Xin, deja el tema y la bebida, ya comienza a hacerte efecto y ni siquiera hemos llegado a la noche —ordenó enfadada y tras soltar un suspiro, se dirigió a Kun—. Nos hace falta leña, voy con Aidíth a la cabaña del bosque a por más.
—Voy con vosotras…
—No, deja que Jay vaya con ellas —intervino Travis—. Esa teoría del calor me parece interesante, quiero poner a prueba a mi hermano. La verdad es que no le vendría mal ver alguna de tus impresionantes llamaradas, puede que así se calmase un poco y se mantendría alejado de las mujeres un tiempo…
Al decir esto la copa que Travis tenía en su mano prendió y estalló en pedazos, ganándose una mirada de desprecio de la chica, que en compañía de Aidíth y Jay salieron de la vivienda.
—Olvidé comentar que tiene muy mal genio —admitió Xin, tendiéndole un trapo para que se secara las manos.
Travis gruñó mientras le lanzaba una mirada de desaprobación.


En el exterior, Kirsten, Aidíth y Jay caminaban por el bosque, por un sendero iluminado por luces de Navidad que daban luz a la noche. Las chicas hablaban sobre lo diferente que eran las vidas en sus diferentes mundos, hasta que Jay las interrumpió.
—Kirsten…—susurró apenado—. Cuando llegamos a tu casa esa luz me trasmitió todo lo que vosotros habéis vivido y vi a tu padre… Juraknar y todo lo que hizo y lo que sufriste también por él…yo… me preguntaba si lograste olvidarlo, ser feliz.
—Afortunadamente eso ya pasó y gracias a las personas que me rodean todo ha sido más fácil. Que Clay me adoptase fue muy importante para mí. El amor incondicional de Kun, el apoyo de Xin, a pesar de que hayáis visto que es idiota y tener amigos como Aileen, Nathair y Niara, todo ayudó. No te puedo mentir, siempre queda algo, pero con el tiempo se entierra cada vez más, hasta que ni te acuerdas —admitió y miró a Aidíth, con quien ya había hablado a solas sobre lo sucedido a Dion—. Sé lo que le ha pasado a tu hermano y conozco vuestra historia. Puede que os pueda ayudar… es solo una idea, pero Dion no debería tener en su mente un recuerdo tan atroz como ese, ¡deberíamos eliminarlo!
—¿Puedes hacer eso? —preguntó Jay emocionado—. ¿Cómo si nunca hubiera pasado? Eso sería estupendo. Estoy seguro de que Travis y Declan también lo aprobarán. Las pesadillas estaban dejando de perturbar a mi hermano, era como un niño más, ya casi había olvidado a nuestro padre… pero ahora todo ha vuelto.
—¡Voy a hacer una llamada! —añadió Kirsten y tras tomar su teléfono móvil, se apartó. Aunque Clay estaba desarrollando nuevas habilidades, entre ellas la de manipular la mente, aún era muy inexperto y por esa razón estaba llamando a Aria, una bruja a la que conocieron en su última lucha.
—Si lo hacen, Aidíth, si consiguen que Dion olvide, ¿cómo podremos darle las gracias? ¿Qué podré hacer para demostrarle lo agradecido que les estoy?
—Encontraremos una manera, pero estoy segura de que lo saben.
Ambos se interrumpieron cuando Kirsten se reunió con ellos.
—Buenas noticias. Aria, una excepcional bruja, está trabajando en ello. Mañana a primera hora tendréis lista la pócima para dársela a Dion y que olvide lo sucedido durante los cuatro últimos días.
Jay saltó emocionado y con lágrimas contenidas tomó las manos de Kirsten y se arrodilló frente a ella.
—Muchas, muchas gracias. ¿Dime qué tengo qué hacer para pagaros por ello?
—Nada, Jay —susurró agachándose frente a él—. No tienes que hacer nada. Es lo que hacemos en Navidad, dar regalos para arrancar sonrisas a otros y verte sonreír por primera vez en todo el día, es un gran regalo.
Jay asintió emocionado y tras recoger algo de leña junto a las chicas, regresaron a la vivienda. La hora de la cena estaba lista, todo estaba en orden, pero antes de cenar, Kun, Kirsten, Hunter, Aidíth y Travis se reunieron en el estudio, donde las chicas les pusieron al día y Kirsten dio detalles sobre la conversación mantenida con Aria y que a primera hora la bruja estaría allí con varios botellines con el contenido.
—Gracias —añadió Travis—. Que mi hermano pueda olvidar algo tan atroz es… no tengo palabras, de verdad, muchas gracias.
—Yo…—susurró Kirsten—. Quizás te parezca impertinente opinar por mi parte, pero creo que no solo a Dion deberías darle la pócima de olvido, sino también a Jay… he visto todo lo que ha sufrido estos años, lo que vuestro padre le hizo, las palizas que le dio y he sentido lo culpable que se sentía tras la muerte de Lloyd, ¿por qué no le ahorras sufrimiento? ¿Por qué no le borras el recuerdo de estos días, de ver a ese monstruo adquirir el aspecto de su hermano fallecido y atacar a Dion? Yo… también he vivido malos momentos —confesó con la cabeza baja, buscando la mano de Kun, hasta que la encontró y él la estrechó con fuerza—. Pero todos a una edad más mayor, no desde tan niña, y aunque hay experiencias que me gustaría eliminar de mi mente, me han ayudado a cambiar, crecer y convertirme en la persona que soy, pero de qué le servirá a Jay volver a sentirse tan impotente como antes de que tú y Declan entraríais en su vida.
—Sé que esta decisión la debes tomar junto a Declan —añadió Hunter—, pero coincido con Kirsten. Es muy triste volver a ver a Jay tan deprimido.
Travis asintió.
—Sí, lo haremos, pero no se lo diré a Jay. Se negará a que eliminamos sus recuerdos. Cuento contigo, cazador.
—Cuando quieras hacerlo, solo debes hacerme una señal.
Tras el encuentro volvieron al salón y cenaron. Contaron anécdotas, rieron y pasaron un gran momento, para más tarde ir esparciéndose. Nathair y Aileen fueron de los primeros en regresar a sus dormitorios, lo mismo que Jay, que agotado, pero feliz, sabía que esa noche sería capaz de conciliar el sueño. Nicholas y Dilan también se habían marchado a sus estancias.
Esparcidos por el salón estaban los demás. Hunter y Kun hablaban a solas mientras compartían anécdotas y el Dra´hi le mostraba al cazador su poder de control sobre el agua.
Jake y Krista permanecían abrazados frente al fuego, tapados con una manta, mientras disfrutaban de una copa de vino.
Apartados, sentado el uno frente al otro, con una botella y dos pequeño vasos, Travis y Xin jugaban al “Yo nunca…” y terminaban la frase con algo que nunca habían hecho y bebían si era así.
Niara, Aidíth y Kirsten permanecían en el salón, en el sofá, donde Aidíth les informaba sobre el mundo de Isleen, sus historias y leyendas.
—Es apasionante —confesó Niara—. Tenéis tantas historias, como la leyenda que ocultaban los fuegos fatuos, la verdad del norte, tu lucha por darle a la mujer la oportunidad de formar parte de los escuderos o lo que hizo Brianne porque en los cazadores también pudieran entrar mujeres.
—Aún estamos descubriendo mucho más y exploramos como era Isleen antes de que la magia fuera prohibida.
Mientras Niara y Aidíth hablaban, Kirsten las dejó a solas y se dirigió hacia Kun. Le hizo un gesto en dirección a Xin  y el Dra´hi se excusó con Hunter. Se dirigió hacia su hermano y posó una mano sobre su hombro.
—Va siendo hora de sustituir los chupitos por el café, Xin.
—¡Hermanos! —exclamó Xin, dando el último trago—. Son un coñazo, pero que te voy a contar que no sepas.
Travis sonrió y se despidió de los Dra´hi, que se marcharon a la cocina. Él no tardó mucho en retirarse; fue a la habitación que compartía con Jay y le agradó ver que su hermano dormía plácidamente.
Aidíth y Hunter habían seguido los mismos pasos que Travis al retirarse a sus estancias, mientras que Niara y Kirsten esperaban en la cocina, junto a los Dra´hi. Kun estaba junto a la cafetera y Xin sentado frente a la encimera, con la cabeza oculta en sus brazos.
—Id a dormir, yo me ocuparé toda la noche de él.
—Hmm… no había pensado que pasaría la noche junto a Niara, pero bueno, ya la haremos pagar a este por ello —gruñó Kirsten mirando a Xin.
Kun la rodeó por la cintura, la atrajo hacia él y la besó.
—Ya se lo haremos pagar.
Tras despedirse, las chicas fueron a la habitación de Kirsten. Una vez se pusieron los pijamas, se metieron en la cama, donde Niara siguió hablando sobre la impresión que le había causado Aidíth.
—Me ha gustado mucho conocer su historia, ver cuánto había luchado y su afán por hacer realidad su sueño. Nunca me ha gustado ser una Dama de Flor de Loto, pero me resigné y me comporté como tal, incluso mucho después de que la guerra con Juraknar terminase, pero si algo bueno trajo la lucha contra Shia es que me hizo romper con mi pasado, con mi antigua yo.
—Lo sé, Nadine está muy contenta con tus entrenamientos y sé que tú también.
Niara sonrió, se giró y quedó frente a Kirsten.
—A pesar de mi magia siempre ha habido una parte de mí que se sentía vulnerable, al fin y al cabo nuestro poder depende de nuestra concentración, condición física y ejerce mucha presión. Pero ahora soy diferente.
—Además de manejar el elemento de la tierra, eres una guerrera.
—¡Sí! —exclamó Niara—. Y es agradable conocer a otras guerreras de otros lugares, de conocer sus vidas, mucho más difíciles que lo fueron la mía y como se levantaban una y otra vez a pesar de sus caídas.
Kirsten coincidió con Niara. Era realmente admirable y coincidía con sus amigos y estos encuentros eran muy agradables, pues aprendían mucho los unos de los otros.


En otra habitación, Hunter y Aidíth se brindaban con besos y caricias en una acogedora habitación, pero Hunter se dio cuenta de que su mujer no estaba del todo entregada. Estaban abrazados, el uno frente al otro, sin nada de ropa que pudiera impedir que sus cuerpos se acariciasen, se amasen, pero Hunter se inclinó y Aidíth acabó tumbada con él encima.
—¿Estás bien?
—Hay algo que no te he contado —confesó Aidíth.
Hunter sabía muy bien lo que la perturbaba, el encuentro que tuvo con la bestia con aspecto de su hermano antes de su partida.
—Travis me lo contó y también sus palabras, todo cuanto te dijo y no quiero que te afecte. Acabaremos con esas cosas y no dejaremos que jueguen con nuestras mentes de esa manera.
Aidíth asintió y se deleitó en las caricias de su marido, en sus besos, que fueron descendió hasta su vientre.
—Y si…y si tiene razón y solo podemos ser nosotros dos.
Hunter no se sintió perturbar por sus palabras. La brindó de besos y caricias, ascendiendo poco a poco; por su vientre, sus pechos y garganta hasta atrapar de nuevo sus labios.
—Te quiero Aidíth y si solo podemos ser nosotros dos, no me importa. Soy feliz a tu lado, con o sin hijos, solo contigo.
La escudera respiró aliviada y se entregó a su amante.

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