jueves, 29 de diciembre de 2016

Susurros de Adviento II, cuarta parte

Sin más, os dejo el final:

4
Mañana de niebla


La mañana había llegado y se mostraba tranquila, silenciosa. Aria había sido fiel a su palabra y le había entregado a Kirsten varios botellines de cristal con una solución en color rojo que serviría para hacerle olvidar a Dion y Jay lo sucedido.
Los invitados ya se habían levantado; estaban preparando el desayuno, chocolate caliente y tortitas, aunque no todos estaban en la estancia. Los Dra´hi permanecían en el porche trasero, una zona acristalada con vistas a las hectáreas que les rodeaban. Ocupaban uno de los columpios; ambos cubiertos con mantas y mientras que Kun estaba despierto, no Xin, que descansaba sobre el hombro de su hermano.
Los primeros en acercarse fueron Nick y Jake, que tendieron una taza de chocolate a Kun con una nube encima de ella y lanzaron miradas divertidas a Xin.
—¡Míralo! —añadió Jake—. Está súper mono dormido y tan callado. Parece uno de esos idols tan conocidos.
—Sí, sí, de esos que hace que atrae a la multitud y vuelve loco a los chicos y chicas.
—¡Vale ya, capullos! —gruñó Xin—. Os estoy escuchando —protestó incorporándose a la vez que se frotaba los ojos—. No tiene gracia.
—Pues yo agradezco que ahora seas tú el centro de burlas y no yo —añadió Kirsten, tomando asiento en el regazo de Kun—. No puedo creer que la noche de Navidad haya dormido junto a Niara en lugar de con mi novio solo porque te pasaste con la bebida y he de decir que me alegro que estés de resaca.
—No lo estoy, listilla, solo me duele un poco la cabeza, pero no he pasado la noche en el baño.
—Lo cortamos antes de que fuera a más —añadió Kun, apoyando su cabeza en el hombro de Kirsten—. Nos debes a Kirsten y a mí una cena, además de una noche sin la vigilancia de Clay, como se lo pagues a Niara es cosa tuya, pero ya puedes ir pensando cómo me la vas a devolver.
Xin lanzó un amargo suspiro a la vez que asentía. Y después del desayuno llegaron las despedidas. El portal que llevaría a Hunter, Aidíth, Jay y Travis a Isleen ya estaba abierto. Tras palabras de agradecimientos, llegaron las despedidas, con la esperanza de volver a encontrarse en más ocasiones. Y cuando cruzaron el portal  —una esfera dorada— el salón volvió a la tranquilidad y el resto se dispuso a disfrutar del día.


Cuando Aidíth, Hunter, Travis y Jay abrieron los ojos comprobaron que estaban en casa, en las cercanías de la academia, aunque una pareja de alumnos —que al parecer se había escaqueado para liarse— se separaron nada más verlos y corrieron a la academia para avisar a los demás.
Travis llevaba consigo una de las botellas con la pócima de olvido. La bruja le había explicado su funcionamiento; la persona que lo bebiera olvidaría lo sucedido durante los últimos cuatro días y tras tomarla dormiría durante horas. Se sentiría como si hubiera contagiado la gripe, algo que Travis no comprendió y fue Nicholas quien le dijo que era lo equivalente a unas fiebres.
Y ya que estaban de vuelta no iba a demorarse más.
—¡Hunter! —gritó.
El cazador entendió lo que quería decir y sostuvo a Jay de tal manera que no podía moverse.
—No, Travis, no lo hagas, no quiero tomarla —gritó al deducir sus intenciones y verlo con la botella—. ¡No!
Hunter tiró de los cabellos del chico obligándole a echar la cabeza hacia atrás, momento en el que Travis le introdujo la pequeña botellita obligándole a beber su contenido para acabar cayendo inconsciente.
—¿Qué está pasando? —gritó Declan.
Más tarde, reunidos en el salón, y tras administrar a Dion la pócima de olvido, todos esperaban que el tiempo trascurriera y los hermanos despertasen. A pesar de que Travis no le había consultado a Declan la administración de la pócima a Jay, una vez Declan supo su función, lo aprobó y se la dieron a Dion.
Y tal como Aria les había hecho saber, una vez despertaron se sentían tan agotados como tras pasar unas fiebres. Permanecieron en la cama unos días, a base de cuidados y atención por parte de sus seres queridos, que aliviados comprobaron que lo habían olvidado todo.
Dion se comportaba como un niño de cuatro años normal, hiperactivo, feliz, deseando volver a encontrarse con sus amigos, mientras que Jay se había aprovechado de su enfermedad para recibir mimos extras de su chica.
Y con el pasar de los días, volvieron a la normalidad. Era una mañana más en  academia, aunque Travis, Aidíth y Hunter observaban la discusión en la que Jay se veía envuelto con su chica, Anna.
—¿Cómo pudiste volver a equivocarte de cabaña? Empiezo a pensar que lo haces aposta y así aprovechas para tocar a otra. ¡Te pareces a tu hermano Travis! —gruñó enfadado.
—Oh, vamos, eso no es verdad, fue solo un error…
—¿No vas a intervenir? —preguntó Aidíth a Travis.
—No. Voy a seguir tu consejo y dejar que aprenda de sus errores. Quien sabe, a lo mejor la chica tiene razón y ese mocoso es más espabilado de lo que parece y no hay nada de errores en sus escaqueos nocturnos.
—Si es así, tendrá que aprender mucho o acabará metido en muchos líos —dijo Hunter y dieron por terminado la conversación. Se dedicaron a sus tareas, felices por haber recuperado la normalidad.


Mientras, en la Tierra, el día de Navidad seguía su curso. La hora de la comida estaba cercana, para la que se esperaba la llegada de Clay, Soo, Nadine y Lizard, pero el ambiente era triste, húmedo, con una espesa niebla que parecía acompañarles por el resto del día.
A la espera de la llegada de los demás, el grupo estaba repartido en los diferentes columpios del porche traserp, con la vista en la espesa nube blanca que parecía avanzar hacia ellos con la amenaza de engullirlos. De repente uno de los cristales estalló, cayendo en pedazos frente a ellos y poniéndolos en alerta.
El primero en actuar fue Xin, que tras saltar del porche al terreno boscoso alzó sus manos con violencia, creando una gran ventisca que por unos segundos disipó la niebla. Y vieron que no estaban solos. Criaturas horribles, extrañas, de piel azulada, arrugada, que parecían haber regresado del mundo de los muertos, rondaban la zona. Algunas tenían apariencia humana, pero otras eran más grotescas. Había varias arañas con mitad cuerpo humano, ya fuera de hombre o mujer y una gran serpiente que también terminaban en una figuraba femenina, con una gran melena que en realidad eran serpientes.
Ninguno sabía que eran esas criaturas, pero su amenaza resultaba evidente y Kun no tardó en actuar. Se situó junto a su hermano mientras invocaba la barrera de protección; un hechizo que envolvería toda la casa, la  haría invisible a ojo de esas criaturas e impenetrables, pero necesitaba mucha concentración y los demás no tardaron en ayudarle.
Nathair y Xin formaron un buen equipo que crearon criaturas de aire en forma de dragón y serpiente que volaron hacia sus enemigos, quienes ya avanzaban hacia ellos. Aileen también actuó al invocar la naturaleza; raíces surgieron del suelo y aferraron a las criaturas que se acercaban a ellos. En cambio Niara se centró en hacer surgir guijarros de tierra, creando una muralla frente a ellos, mientras que Dilan, Nicholas, Jake y Krista permanecían a la retaguardia.
Kirsten corrió hacia Kun, tomó sus manos y destellos verdes, rojos y anaranjados surgieron de ellos para extenderse por toda la zona para crear una burbuja a su alrededor. Y fue entonces cuando cinco figuras aparecieron en la linde del bosque. Estaban tan lejos que no podían apreciar nada de ellos, pero se movían con mucha rapidez y acababan con las criaturas de un par de movimientos y excepcionales poderes. Y antes de que la barrera se terminase de formar, todas las criaturas habían desaparecido.
—Perdonad que os hayamos interrumpido —dijo uno de ellos, un chico por el tono de su voz, pero seguía demasiado lejos para distinguir nada de él—. Se nos han colado estos espíritus en vuestro mundo, lo sentimos mucho, pero nos hemos librado de ellos. Espero que tengáis un buen día.
Y tan rápido como el grupo apareció, se esfumó, dejando a los demás desconcertados.
Más tarde y durante la comida, le explicaron a Clay lo sucedido y el extraño grupo que se había librado con facilidad de las extrañas criaturas.
—No parecía tener nada que ver con nosotros, ni con la Tierra si se refirieron a este lugar como “nuestro mundo” —concluyó Clay—. Al parecer solo solucionaron su propia metedura de pata.
—Propongo seguir vuestras propias tradiciones y por un día, centrarnos en la comida y esas chorradas, en lugar de trabajo —interrumpió Lizard—. Sea lo que sea, si es algo que nos afecta, ya nos pondremos a ello en su momento.
Todos coincidieron con Lizard y siguieron su consejo. Pasaron un día divertido, de buena comida y compañía, quienes alargaron su visita hasta la finalización de las fiestas.

Y como dijo Lizard, si algo volvía a afectarle, ya lucharían contra ello, por el momento disfrutarían de los tiempos de paz.

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