sábado, 24 de diciembre de 2016

Relato Susurros de Adviento II, primera parte

Como otro año más, os traigo un relato Navideño protagonizado por algunos protagonistas de mis novelas. La primera parte se titulaba Susurros de Adviento, que podéis leer AQUÍ. En él podíais leer como pasaban las Navidades los personajes de Hijos del Dragón, Crónicas de Sombras, Duelo de Espadas y Maldición.
Este año os traigo más encuentros, Susurros de Adviento II. Hoy publicaré la primera parte, no me ha dado tiempo terminarlo, pero publicaré las otras partes durante estas festividades.

Y os dejo, Susurros de Adviento II.



Susurros de Adviento II
Lucía González Lavado
(Contiene spoiler de Almas de la Oscuridad, Crónicas de Sombras y Danza de Espíritus)

1
Recuerdos

22 de diciembre. Época actual. Dark Lake, en estado de Maine (EEUU)

Otras Navidades se acercaban y era un periodo de paz tras todas las desgracias que había traído Rhys a la Tierra. La humanidad había recobrado la normalidad y apartados del bullicio, en apartadas hectáreas del pequeño pueblo Dark Lake, Clay se había trasladado con los demás a vivir una nueva vida, intentando dejar atrás todo lo que vivieron en El Valle.
La guerra que Shia había llevado a la Tierra había traído consigo conflictos con otras criaturas paranormales y había un control excesivo de toda persona con dones mágicos, de lo que Clay se encargaba en eternas reuniones mientras permitía a los demás llevar una vida normal.
Con la llegada de las festividades Niara, Nathair y Aileen se habían trasladado a la vivienda familiar, dispuestos a pasar unos días en la Tierra y pasarlo bien al disfrutar de otras culturas. Mientras ellos se encargaban de los adornos de la vivienda, Clay, esperaba la llegada de Kun, Xin y Kirsten, que aún no habían regresado de clases.


Kirsten y Xin aguardaban en las afueras del instituto. Las clases habían llegado a su fin y esperaban a Kun para que los recogiera en el coche. Hacía dos días que un temporal sacudía parte del país, trayendo consigo nevadas, por lo que Kirsten no dejaba de moverse de un lado para otro con tal de entrar en calor.
El ingreso en el nuevo instituto traía nuevas normas y era uniforme escolar. El de Kirsten estaba compuesto por una falda plisada azul marino, chaqueta del mismo color, camisa blanca y corbata de listas azules y crema. Su cabello, castaño claro, lleno de destellos dorados, seguía cayendo en ondas por encima de los hombros. Sus ojos, de un claro avellana, mostraban pinceladas rojas, muestra del poder de las llamas que corría por sus venas. Con tal de soportar el frio llevaba puesto un abrigo, guantes y orejeras, pero eso no impedía tener las piernas heladas.
—¿Por qué tenemos que venir a un centro con uniforme? —protestó sin dejar de caminar—. ¿A quién le parece una buena idea llevar falda cuando estamos a varios grados bajo cero?
—Yo también detesto el uniforme —se quejó Xin. Su vestimenta era idéntica a la de Kirsten, salvo por la parte inferior, puesto que él llevaba pantalones. Aunque el nuevo centro traía nuevas normas, había podido mantener su cabello de la misma manera, adornado con mechas doradas, de manera despuntada e informal. Y aunque la guerra contra Shia había sido dura, su mirada n se había apagado ni un ápice, mostrando un azul vibrante y chispeante, como siempre—. Esta ropa es súper incómoda. Menudo coñazo que todos los institutos de la zona obliguen a llevar uniforme.
—¡Al menos tú no te congelas, solo estás incómodo!
Xin sonrío. Kirsten no soportaba muy bien el frío debido a su naturaleza; a pesar de que el fuego formase parte de ella, en los climas donde predominaba el frío, lo sentía mucho más y se volvía vulnerable, todo lo contrario que le pasaba a él, mucho menos a Kun, que se sentía mucho mejor.
—Ahí viene nuestro taxi —alego el Dra´hi al ver el todo terreno gris que Kun conducía.
En cuanto paró, Kirsten se lanzó al interior de la parte trasera mientras que Xin tomó asiento junto a Kun.
—¿Qué tal el día? —se interesó el Dra´hi echando un vistazo a Kirsten por el espejo retrovisor.
—Eres tan afortunado de no estar obligado a llevar uniforme, ¿cómo pueden obligarme a llevar falda con este clima? Voy a congelarme.
—Seguro que ahora en cuanto os deje a solas entrareis en calor —añadió Xin en tono jocoso, ganándose una mirada de Kun. Al seguir con sus clases en la facultad tenía completa libertad en su vestimenta y llevaba ropa informal: vaqueros y sudadera y al igual que Xin, su cabello mostraba pintorescos colores en ligeras mechas, en su caso, rojas—. El día ha ido bien, no me he metido en líos y afortunadamente ya estamos de vacaciones y no tendremos que volver a ver a esos capullos hasta dentro de unos días.
Kun asintió y emprendió la marcha. Desde que meses atrás librasen de Shia a la Tierra y su identidad quedase descubierta, otras personas con capacidades especiales habían estado muy pendientes de ellos. Lamentablemente también encontraron otros chicos y chicas especiales en el instituto, algunos con los que Xin no había tardado en meterse en líos. Pero al menos a Kun le agradaba que hoy hubiera sido un día sin incidentes y siguió con la conducción. Abandonaron la pequeña ciudad para conducir durante media hora por carreteras secundarias hasta llegar al camino privado que pertenecía a su nuevo hogar. Una preciosa y amplia casa, moderna, de forma cuadrada, unida por modernos cubículos, casi oculta entre árboles. Un lugar que Clay había buscado con esmero para que todos pudieran llevar una vida lo más tranquila posible, alejada de los bullicios o vecinos, y se pudieran mostrar como ellos eran en realidad. Así si por algún casual tenían algún descuido mágico, estarían protegidos, pues varias hectáreas de alrededor pertenecían a Clay.
Cuando ya divisaban la vivienda una luz hizo que Kun frenase repentinamente y los tres vieron como tras la apertura de un pequeño vórtice, este dejaba caer un pergamino. Cautelosos bajaron del vehículo y fue Kun quien tomó el objeto. Al hacerlo decenas de recuerdos sacudieron las mentes de Kun, Xin y Kirsten, experiencias vividas en otras navidades y que ahora recordaban. En ella se veían pasando la festividad junto a Nicholas, Jake, Dilan, Krista y muchos más. Era curioso, pues con el recuerdo ahora recuperado descubrían que ya conocían a los que habían sido sus nuevos compañeros de lucha de mucho antes. Entonces abrieron el pergamino y leyeron su mensaje:

Otro año os blindo con la oportunidad de encuentros con otros compañeros de aventuras, además de devolveros recuerdos que en su momento os borré. Disfrutad de estos días, compartir experiencias y aprender los unos de los otros. Nunca se sabe que os pueden mostrar los demás, ni que peligros os esperan.
Un portal se abrirá el veinticuatro permitiendo la entrada de aquellos que os deseen visitar, para ser devueltos a su hogar el veinticinco.
¡Feliz encuentro!

La Creadora

Ahí estaba de nuevo, otro mensaje de la extraña Creadora, donde bajo su firma figuraba el emblema de un gato de cristal en tono rosa.
Tras lanzarse miradas llenas de incógnitas condujeron derecho a la casa y tras aparcar frente a la vivienda, la primera en bajar fue Kirsten, que aprisa entró en la vivienda por la puerta de la cocina: un espacio amplio, con una gran isla en el medio y muchos taburetes donde permitían a todos reunirse y comer.
En ella encontraron a Clay, pendiente en unos documentos. Nada había cambiado en él en los últimos meses. Seguía vistiendo de manera casual con vaqueros y sudadera.  Informales hondas destacaban en su cabellera castaña, aunque había un cambio en él, y eran las gafas que solía usar cuando pasaba mucho tiempo frente al ordenador o leyendo, las cuales llevaba en ese momento.
—¿Qué tal el día? —preguntó nada más verla.
—¡Estoy helada, ahora vuelvo! —exclamó Kirsten mientras salía de la cocina y se encaminaba hacia el salón para dirigirse a su habitación. Por el trayecto se encontró con Lizard, que divertido se dirigió a ella.
—Nena, ¿qué modales son esos que te escabulles nada más llegar a casa?
—Lo sabes, vengo helada, no me vaciles que enseguida vuelvo.
Lizard entró en la cocina en el momento en el que lo hacían los Dra´hi. Tras lanzar la chaqueta sobre una silla, quitarse la corbata y desabrocharse algunos botones, Xin se dirigió al frigorífico de donde tomó un refresco. En cambio Kun tomó asiento junto a Clay y le tendió la carta. Al hacerlo el hombre vio el encuentro que ya tuvieron en su momento con Nicholas y los demás, el grupo de música liderado por Tyrel, o cazadores y guerreros provenientes de otros mundos al que pertenecían Declan, Hunter, Brianne, Leah y muchos más.
Tras dar la nota a Lizard para que él pudiera ser conocedor también del mensaje, Clay se dirigió a los Dra´hi.
—Imagino que si vosotros habéis recibido esto, también lo habrán hecho los demás —murmuró Clay pensando en Nicholas.
—Tenía intención de llamar a Nicholas ahora —añadió Kun.
—¿Qué pretendéis hacer? —se interesó Clay, conociendo a los hermanos y que ya habrían hecho planes al respecto—. Recordad que tenemos a muchas personas con la vista fija en nosotros por nuestros poderes.
—Pues nada en especial. Somos jóvenes —añadió Xin—, no como tú, cuarentón, que ya debes usar gafas porque no ves —prosiguió divertido, riendo a carcajadas, lo que provocó un ligero enfado de Clay.  Aún no había cumplido los cuarenta, solo tenía treinta y nueve, pero Xin disfrutaba restregando su edad y la posible crisis que debería vivir—. Lo pasaremos bien, todos, aquí, en casa, como hicimos en las anteriores Navidades.
—Deberías recordar tu fideicomiso cada vez que hables —le recordó Clay—, y que hasta los veintiuno no ves nada y aún puedo cambiar de idea y dárselo todo a Kirsten, a tu hermano o a Nathair, a cualquier menos a ti.
Xin chasqueó la lengua y en ese instante el móvil de Kun sonó. Vio que era Nicholas quien le llamaba y se marchó al salón para hablar cruzándose por el camino con Kirsten. Tomó asiento junto a Lizard, que había permanecido en silencio durante toda la conversación. La chica llevaba unos leggins oscuros, con una sudadera rosa y se la veía mucho más cómoda.
—Vamos, Clay, no seas aburrido —prosiguió Xin—. Deja que nos lo pasemos bien. Ha sido un año muy duro y no será lo mismo con tu mirada fija en nosotros. Una pequeña fiesta…, además, ninguno de los de esta sala somos terrestres, la Navidad no tiene sentido para nosotros y no hace falta que sigamos sus tradiciones con lo de todos juntos, bla, bla, bla.
—Pero la tradición de los regalos no te la saltas, ¿verdad? —preguntó y suspiró. Al fin y al cabo tenía razón y se merecían un descanso—. Está bien, Xin, desapareceré esa noche, pero al día siguiente me tienes aquí. No quiero descontroles ni que nada se salga de madre y cuidadito con el alcohol.
—Tranquilo —intervino Kun—. No voy a dejar que se pase, no me apetece pasarme la noche sujetándole la cabeza en la taza del retrete. Entonces qué, ¿nos das la noche libre? Coincido con Xin y nos merecemos un respiro y reconócelo, todos os habéis vuelto súper protectores tras lo sucedido con Shia. Cortad el cordón umbilical de una vez, ¿queréis?
—¿Tú qué dices, nena? —se interesó Lizard, mirando a Kirsten.
—Prefiero que ellos dos lidien con Clay, yo soy la última baza por si nos la niega todas. Este par cree que haciendo pucheros puedo conseguir lo que quiera —añadió divertida, viendo como Clay sonreía—. Pero cuéntame tu día, ¿cómo lo llevas? ¿Te manejas mejor con tus habilidades?
—Oh, sí, menuda pasada poder mover los objetos con la mente y esto es solo el principio. Te haré una demostración…
—¡De eso nada, Lizard! —gruñó Clay—. Nada de demostraciones, llevas horas entrenando y tienes que dejar que tu mente descanse.
—Pero no puedo decepcionar a mi nena preferida, estoy deseando que vea lo que puedo hacer.
—Sí lo haces, se lo diré a Nadine.
Todos vieron como Lizard fruncía el ceño y obedecía.
—Ya entrenaremos juntos nuestras habilidades —le consoló Kirsten—. Estoy segura de que juntos podremos aprender mucho.
—¡Menudo calzonazos eres! —exclamó Xin divertido—. Con tal de no llevarte una bronca de tu mujercita accedes a todo lo que te digan. Me repito, un machote como tú es un calzonazos, ¿sabes lo que es? ¿Llevas el tiempo suficiente en la Tierra para entender lo que te estoy diciendo?
—Sí, dragoncito, lo entiendo, y también llevo en tu planeta el tiempo suficiente para decirte que eres un capullo.
—Eso no es nada nuevo. Me voy a buscar a Nathair, estará deseando saber que por un día estaremos libres de vuestro excesivo autocontrol.
Lizard y Clay intercambiaron miradas. Es cierto que Xin tenía razón; se habían vuelto muy protectores, pero tenían motivos para ello, aunque preferían guardar el secreto. Y mientras Xin iba a en busca de Nathair, Clay comenzó a hablar con Kun y Kirsten de todo lo necesario para tener bien atendidas a sus visitas, fueran las que fueran.


Una vez Xin se puso ropa más cómoda viajó a Lucilia tras saber que tanto Niara, como Aileen y el Ser´hi habían regresado al centro de estudio que se construyó meses atrás donde ahora vivían. Una vez allí descubrió que la ninfa y el Ser´hi no estaban; en compañía de Naevia habían viajado a Serguilia, a las cercanías del Bosque Azul, un lugar mágico que reponía la vitalidad de Aileen.
En cambio sí encontró a Niara; estaba en una sala circular, con el techo en forma de cúpula, acristalado, lleno de estantes con libros y pergaminos. Ella estaba en una mesa octogonal, centrada en la interpretación de un antiguo papiro hallado en la Tierra. A Xin le gustó observarla tan concentrada y como los rayos del sol se vertían sobre sus cabellos dorados. Si alguien había cambiado tras la lucha contra Shia, esa era Niara, quien se había fortalecido y cambiado su estilo de vestir al adquirir ropaje de estilo steampunk. Esa mañana vestía pantalones cortos, seguido de un corsé y camisa blanca. No fue cuando Niara alzó la vista cuando vio a Xin y su rostro se iluminó. El Dra´hi caminó hacia su amada y tras tomarla del mentón, la besó, para tomar asiento junto a ella. Minutos más tarde Niara manipulaba la carta entre sus manos con los recuerdos ya recuperados en su mente.
—Hemos conseguido convencer a Clay para que nos den un respiro. Además, Nick, Dilan, Jake y Krista vendrán; será agradable tener un encuentro con ellos donde poder divertirnos. Sobre si habrá más invitados, pues no lo sé, ya lo averiguaremos, pero ya sabes lo que dicen, mientras más mejor.
—Si algo necesitamos, es desconectar, lo de Shia ha sido un verdadero quebradero de cabeza —murmuró Niara mientras se masajeaba la nuca—. Daré la gran noticia a Nathair y Aileen cuando estén de vuelta.
Xin sonrió y se marchó. De regreso a casa no encontró ni a Kun o Kirsten e imaginó que habrían salido a correr juntos, si encontró a Clay, relajándose junto a Soo en el amplio salón viendo una película. Y tras saludarles subió al ático, el cual contaba con tres salas, siendo la suya la del medio. La había convertido en estudio de arte para el cual habían derribado la pared del fondo convirtiéndola en un gran ventanal que le permitía colar la luz.
En la sala tenía una mesa de dibujo, un sofá en el que descansar en ocasiones y una mesa con un ordenador. Tras ponerse los cascos y reproducir una lista de música, tomó asiento frente a la mesa de dibujo y se puso a trabajar. En conjunto con Clay creaban un gran bestiario de todas las criaturas existentes en Meira y las que ya habían desaparecido y él era el encargado de darles forma.
Llevaba horas centrado en su trabajo cuando una pequeña bombilla instalada en la mesa, se iluminó. Su concentración aumentaba gracias a la música, por la cual lograba evadirse, pero pillarlo desprevenido podía ser peligroso y causar daños, por lo que idearon esa técnica. La luz se encendía cuando alguien esperaba entrar.
Xin se quitó los cascos y dio la orden de entrada. Feliz vio a Nathair entrar, divertido y más risueño de lo habitual.
—¿Es verdad? ¿Contaremos con una noche completamente libre de control paternal? —preguntó casi en murmullos, con la alegría contenida.
—Así es.
—¡Genial! —exclamó Nathair a la vez que saltaba—. Quiero mucho a Naevia, también a Clay, pero me están agobiando un poco. Contaba con más libertado cuando estaba bajo el yugo de Juraknar. Bueno, te dejo trabajar, ¡nos vemos en la cena!
Xin lo vio marcharse y regresó a la tarea. Estaba trabajando en una ilustración de varios Deppho y sus habituales mazmorras cuando sintió que unos gélidos dedos se deslizaban por su nuca. Con la respiración entrecortada se quitó los cascos y miró tras de sí. No vio nada, no había nada, pero eso no lo calmaba.


Clay y Soo charlaban con Nathair, que se mostraba divertido por volver a encontrarse con Nicholas, en especial con Jake, a quien se unió bastante durante su viaje por Meira. En el fondo Clay sabía que lo que más le atraía del encuentro era la libertad con la que iban a contar. Admitía que tanto sus quejas, como las de los Dra´hi y Kirsten estaban corroboradas; era cierto que estaban muy pendientes de ellos, pero todo era por su bien.
Repentinamente el buen humor desapareció cuando escucharon cristales explotar en la planta superior. Apresurados corrieron arriba, descubriendo que tal escándalo provenía del estudio de Xin. Cuando abrieron la puerta observaron que los ventanales habían estallado en pedazos y estos volaban por toda la habitación, mientras que Xin permanecía en el centro, con los ojos completamente azules y la respiración acelerada.
Clay no comprendía qué le había pasado para que estuviera en tal estado, pero hizo explotar todos los cristales, liberando a Xin del peligro. Sigilosos caminó hacia él, contemplando algunos rasguños en su cara, y con cuidado posó las manos sobre sus hombros, logrando devolverlo a la realidad.
Más tarde descansaban en el salón.
—Lo siento mucho, Clay, pagaré los destrozos. Me pondré a trabajar… es que, te juro que sentí a alguien. Primero sentí unos dedos sobre mi nuca y después su mano sobre mi columna, pero no vi nada.
—Tranquilo, Xin y deja de preocuparte por los destrozos —añadió Clay tomando asiento junto a él con el botiquín entre sus manos—. Si busqué una casa tan aislada fue por estos motivos, todos nos podemos descontrolar en cualquier momento.
Tales palabras tranquilizaron a Xin, no en cambio a Clay que se reunió con Soo en la cocina. Ambos intuían que no iban a ser unas fiestas realmente tan tranquilas como esperaban.

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